El Cambullón
 
La columna
Manuel Iglesias
¡Zape!

La política canaria tiene de vez en cuando sus momentos divertidos, que en ocasiones no son por los hecho o el dicho directo en sí, sino por el significado que puede tener en otro contexto o en el recuerdo.

Así sucedió en el último pleno del Parlamento de Canarias, cuando el dirigente del PP, José Manuel Soria, le pidió al presidente del Gobierno canario, Adán Martín, que planteara una moción de confianza en la cámara.

La demanda era razonable en el sentido político, por cuanto Adán Martín es el presidente que gobierna con el grupo parlamentario más reducido en la historia de nuestra Comunidad, aunque cuenta con el anunciado apoyo externo del PSC-PSOE para desarrollar la labor de Gobierno.

Soria, lo que se supone que quería, era que se esceneficara esa mayoría de una forma explícita y oficial en la que los diputados le expresaran su soporte político.

Claro que una cosa es suponer y otra ser. El componente de humor estaba en que nombrar una moción de confianza en el Parlamento de Canarias genera un inmediato ¡zape!, con la decidida voluntad de no exponerse al riesgo.

El antecedente de la actual la huida despendolada al oír el término está en Fernando Fernández, que hace ya tres lustros, siendo presidente del Ejecutivo autonómico gobernando en minoría de su partido, el CDS, que sólo tenía unos pocos parlamentarios y estaba en coalición con otros, quizo hacer un gesto de fuerza planteando la cuestión de confianza, encontrándose con que sus aliados le dijeron nones y perdió la presidencia.

Y como estar, la posibilidad está. El Estatuto de Canarias establece en su artículo 21 que el presidente del Gobierno de Canarias, previa deliberación del Gobierno, puede plantear ante el Parlamento la cuestión de confianza sobre su programa o sobre una declaración de política general. Y la confianza se entenderá otorgada cuando el presidente obtenga la mayoría simple de los votos emitidos y, en contra, el presidente, junto con su Gobierno, deberá cesar si el Parlamento le niega la tal confianza. Deberá entonces, procederse a la elección de un nuevo presidente.

Por otra parte, para ampliar mejor el conocimiento del tema a quienes lo hayan olvidado, el Parlamento puede exigir la responsabilidad política del Gobierno mediante la aprobación, en este caso por mayoría absoluta, de una moción de censura. Que es algo distinto a la de 'confianza'. Esta se presenta desde dentro del Gobierno, mientras que la 'censura' es desde fuera, habitualmente desde la oposición. Toda moción de censura debe incluir el nombre del candidato que se supone puede sustituir al censurado y ser presentada, al menos, por el 15 por 100 de los miembros del Parlamento. Valga como ampliación de los datos que los signatarios de una moción de censura rechazada no podrán presentar otra durante el mismo período de sesiones.

Pero después de lo sucedido con Fernando Fernández, lo de la moción de confianza prácticamente se borró de la lista de las posibilidades de un político en activo. La posición es que, si quieren quitarlo, que planteen una moción de censura, pero que preguntar por sí mismo a los 'suyos' si debe seguir o no, se ve como un disparate suicida y un interrogante torpe y sin necesidad. Y ya se sabe que el error más necio, es el error innecesario. Por eso la propuesta de Soria se acogió más como una especie de boutade humorística de un pícaro, que como algo posible.

Y es que, después del ya famoso 'caso Fernández', todos ya saben que en la política como en el amor, es muy peligroso eso de preguntar "¿me quieres?", porque a lo peor van y te dicen la verdad.