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De un tiempo a esta parte, el entorno
de uno parece como si se hubiese confabulado en la locura, como
si se hubiese trazado un objetivo común: buscarme novia. Y luego
casarme, supongo. Y claro… ¿eso no depende de uno, o de dos? Este
escrito es un grito de ayuda: "¡Socorro!". Y este socorro va siempre
con minúsculas, ¿vale? Ahora sigo, tras un inciso.
Hoy no voy a escribir de política, aunque es una semana magnífica para ello. Nuevo Gobierno de Canarias, pleito insular montado por algunos empresarios -otra vez-… y esperpento público. Así lo voy a calificar para hacerlo suavemente. Menuda torpeza en el Senado la del doctor José Vicente González Bethencourt. Se ha convertido en el primer tinerfeño que se sube al estrado del Senado a pedir que no se apruebe la financiación para un proyecto de su tierra: el del tranvía.
Si alguien conoce algún senador o congresista de reacción primaria y mononeuronal de calado tan supino, por favor, que me lo presente para retratar la instantánea. ¡Chiquito ridículo! Uno a veces no entiende nada. Incluso, uno no entiende ni la sensatez del PP, que pudiera haber tomado el rol del despecho. Y nada más lejos de la realidad. Antepuso, en un momento terriblemente complejo, los intereses de Tenerife a cualquier rencilla de carácter político.
Si las privilegiadas cartas que sostiene hoy el PSOE en Canarias las tiene en la mano don José Vicente, humildemente le aconsejaría a Juan Carlos Alemán -al que considero mucho más sensato, y a Antonio Martinón en el Cabildo- que se las arranquen de las manos a este profesor, consejero y senador socialista, si es que no lo han hecho ya. Él solito es capaz de hundir el barco con todo su equipo dentro. Claro, y luego Zapatero nos recuerda que las decisiones mayoritarias en las Cortes las considera exigencias para su Ejecutivo. La cosa es de un ridículo espantoso. Ahora, una duda de parvulitos: ¿por qué no se le ocurrió llamar a un colega de… Murcia, por ejemplo, para escenificar un demérito de tan escandalosas magnitudes?
Volviendo al amor, las parejas y las novias, ¿qué les pasa a mis amigos, les doy pena? ¿Es que por tener 33 años y ser inmensamente feliz sin estabilidad sentimental a uno se le va pasando el arroz? ¿Son tan felices con sus parejas que me procuran un presente mejor? ¿O quizás están tan aburridos en el abismo de la rutina y de sus monótonas vidas que quieren organizar la mía?
Supongo que de todo habrá, pero como diría Víctor Manuel San José, con el que me identifico una y mil veces: "Soy un corazón tendido al sol". Lo sé, soy raro, distinto, lo he sido siempre y me temo que siempre lo seré. No tengo remedio. Y además, ocurre en todos los escenarios de la vida. Pero no me busquen más novias, por los clavos de Cristo.
No busco novia ¿vale? Entre otras razones porque nunca he buscado una. Es más, creo que no se buscan, simplemente se encuentran. Uno va por ahí, pensando en mil cosas y el azar se le va enredando, poderoso e invencible, que diría Silvio Rodríguez en 'Causas y Azares', que son las tres estrofas más fantásticas que conozco para entender desde la ignorancia del acontecer, lo que puede estar ocurriendo mientras uno no se da cuenta de nada.
Y entonces, por una serie de casualidades de lo más imprevistas, llega el amor. Eso es lo más grandioso que tiene el amor, que es inesperado, que llega de repente. No me jeringuen el pasodoble y me lo estén buscando más, ¡porfa! -leer el porfa en tono de niña coneja-.
Enamórense, vivan y gocen con sus parejas. "Disfruten, pásenlo bien y háganme el favor de ser felices", como dice cada día al despedir su programa un tipo raro que trabaja en la Cadena COPE. ¿Te acuerdas, Rocío? Pero, de verdad, me va bien con soledad. Ella no protesta, no se queja de nada. Por no hacer, ni habla, pero no es tan mala compañera cuando te entiendes con ella. "Más vale solo que mal acompañado", es como tituló un libro, al reverso sexista, una amiga que tuve un buen día y que desgraciadamente murió. Qué razón tenía en eso.
Lo más bonito en la vida es poder elegir, y en el amor, desgraciadamente, no se elige. El amor llega a borbotones y de manera imprevista e incontrolable. Después, puede ser correspondido o no, pero llega instintiva, feroz y sigilosamente. Incluso cuando llega para reventarse después en mil pedazos. Pero al grano, uno se acaba volviendo loco cuando tu círculo se confabula y te asedia diciendo: "esta es para ti"; "te viene de maravilla"; "le he hablado de ti". Incluso, sin tu permiso, cual guionistas asombrosos te montan citas a ciegas…
Otro día les prometo hablar de cómo le encasquetan idilios a uno, con personas con las que jamás ha tenido nada que ver. Ni tan siquiera las ganas. Esto tampoco tiene desperdicio, al tiempo. Pero, por favor, basta, aflojen presión. Es que, además, uno acaba… ¿Cómo decirlo fino? ¿Quizás, algo saturado? Lo peor, que ya ha ocurrido, es que te tropieces con algunas encantadoras casualidades que prometen, y tus "amigos" las vean también y entren por su lado en la partida, y entonces te destrocen los esquemas, una vez más.
Miren, los quiero mogollón, de verdad, pero váyanse a tomar... aire
fresco un ratito. Feliz día de Canarias, que será mañana. Como diría
José Manuel Bermúdez: "Todo por Canarias". Y como diría Federico
Trillo-Figueroa: "Manda huevos".
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