|
Lo lamentable de
la reciente crisis que ha tenido lugar en el Gobierno canario no
es la crisis en sí misma, por supuesto. En un sistema parlamentario
como se supone que es -o parece- el nuestro, el Presidente del Ejecutivo,
una vez ganada la investidura y mientras conserve la confianza de
la Cámara, tiene reconocida la potestad de nombrar y separar libremente
a los miembros de su Gobierno. Ya es lamentable que esta libertad
teórica para designar a los mejores o más adecuados se vea constreñida
en la práctica por la necesidad de respetar los variopintos equilibrios
territoriales y políticos que nos caracterizan y las cuotas de sexo
que se han impuesto. Pero lo verdaderamente lamentable es que la
crisis se ha desencadenado por factores exteriores a Canarias y
a su Parlamento, y que, en definitiva, se ha debido, en última instancia,
a las presiones del Gobierno socialista de Madrid, que culminaron
en la reciente entrevista entre Adán Martín y Rodríguez Zapatero
y en el ofrecimiento de éste durante el debate sobre el estado de
la Nación. En otras palabras, aunque se supone que la formación
del Gobierno canario depende sólo de los resultados electorales
habidos en las Islas y de la composición de la Cámara autonómica,
esta crisis ha venido a demostrar que dicha formación depende sobre
todo de quien mande en Madrid y de los resultados de las elecciones
generales. De hecho, desde que Rodríguez Zapatero llegó al poder
los medios y los comunicadores isleños de orientación socialista
han venido clamando con machacona insistencia por que se produjera
la crisis, que dieron por consumada multitud de veces. Y para ese
viaje no hacen falta las alforjas de las elecciones autonómicas
ni de nuestro flamante y controvertido sistema electoral, que en
los últimos tiempos está siendo cuestionado de nuevo. Total, daría
igual que nos ahorrásemos tales complicaciones y esperáramos pacientemente
a ver quien gana en la capital del Reino en cada ocasión, para después
apresurarnos a negociar con él y a pedirle dádivas y favores diversos.
Lo ocurrido es todavía más lamentable, si cabe, porque ha sido protagonizado por una fuerza política que se reclama nacionalista y defensora a ultranza de la autonomía del Archipiélago, una autonomía que, es obvio, debería descansar en el protagonismo del Parlamento canario. No olvidemos, por citar un caso, que si mañana 30 de mayo es el Día de Canarias lo es porque se conmemora el suceso histórico de la constitución de nuestro primer Parlamento. También es lamentable que las carencias ideológicas o, más bien, la posición ideológica de Coalición Canaria hayan contribuido a este desenlace. En efecto; Coalición Canaria (es decir, ATI y la gente de Mauricio, para entendernos) siempre ha proclamado con orgullo su vacío ideológico y su postura de mendigar y de poner la mano al gobernador madrileño de turno, sea quien sea, lo cual no dice mucho a favor de sus virtudes políticas. No es de recibo, por ejemplo, que el portavoz de su Grupo Parlamentario explique la crisis en la Cámara autonómica afirmando que no podían permanecer en medio de las confrontaciones del Partido Socialista y del Partido Popular, como si esas confrontaciones, que atañen a temas claves y fundamentales del futuro de España y de la convivencia entre los españoles, no fueran con nosotros -ni con ellos-, y como si lo único que importara fuese asegurar las habituales cuatro cosas que conforman lo que algunos han denominado el "nacionalismo mercantilista".
En resumen, la crisis ha evidenciado que, al margen de la Constitución y de los Estatutos, en España el Gobierno central (ahora socialista y antes popular) siempre favorece a las Comunidades Autónomas en las que gobiernan sus correligionarios o se muestran sumisas, mientras discrimina a las gobernadas por sus antagonistas. El Gobierno gallego y otros Gobiernos autonómicos populares lo vienen denunciando desde hace un año, sin reconocer que antes pasaba lo mismo pero al revés. Y es preocupante que suceda así porque es una práctica que desvirtúa el modelo autonómico español hasta hacerlo irreconocible. Tanto tienes tanto vales. Si eres de mi partido o necesito tus votos en el Congreso de los Diputados o en el Senado te trato bien; si no, atente a las consecuencias. El federalismo soviético era una muy estimable obra de ingeniería política y constitucional. Sin embargo, nunca fue genuino precisamente porque el Partido Comunista, único y centralizado, ocupaba -y ahogaba- la totalidad de sus múltiples Gobiernos y niveles de decisión.
Por el contrario, la pertenencia a un mismo Gobierno canario de coalición tendría que ser compatible con las diferentes actitudes y relaciones -críticas o no- de sus socios con el Gobierno del Estado. Desgraciadamente, no parece ser posible. Lo demás, o sea, las votaciones de apoyo o no en el Congreso y en el Senado, y los sucesivos acuerdos o desencuentros entre Adán Martín y Soria son árboles coyunturales que amenazan con no dejarnos ver el bosque de la situación real; si bien es verdad que el líder de los populares tensó demasiado la cuerda y llevó las cosas a un extremo de difícil recomposición. No es aceptable que el órgano dirigente regional de su partido se reuniera para decidir si se dignaban seguir o no en el Gobierno al margen de la voluntad de su Presidente, y encima que se permitiera escribirle la agenda de su próximo Congreso. De todas formas, Coalición Canaria y el Partido Popular están condenados a entenderse en las Islas porque representan idénticos intereses sociales y económicos y ocupan el mismo espacio político, aunque Coalición utiliza más el traje de mago y asiste en más ocasiones a los paseos romeros. Tal es así que se reparten territorialmente el Archipiélago y que, paradojas de la política, tarde o temprano antes de las elecciones autonómicas tendrían que haberse separado a fin de crear un espacio de confrontación electoral creíble.
El Presidente canario, además, aprovechó la crisis para resolver algunas cuestiones domésticas pendientes, y junto a los tres Consejeros populares cesó también a dos Consejeros de las islas orientales no capitalinas, cuyas fluidas y cambiantes dinámicas políticas constituyen una eterna fuente de problemas para los coalicioneros y para su inminente Congreso. Razón de más para someterse a una cuestión de confianza, que parece obligada en términos democráticos. Simultáneamente, un bien surtido elenco de personajes en busca de autor, de no siempre probado nacionalismo y de representatividad social más que dudosa, se reúnen para buscar alternativas no a ellos mismos, como sería lo lógico, sino nada menos que a Coalición Canaria. Y nuestros particulares ecologistas, que ya en los albores de la humanidad se opusieron al fuego y a la rueda por antiecológicos y no sostenibles, siguen vigilando para que en estos peñascos atlánticos no se mueva una hoja más alta que otra.
Lo dicho. Con permiso de García Lorca, hemos de concluir que la
autonomía es un pozo chico, el Estatuto y las competencias no valen
nada, y los que valen son tus votos cuando en Madrid ganas.
|