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La Villa norteña de Los Realejos
es famosa dentro y fuera de la isla por sus fuegos de mayo
en honor de las cruces, por su venerada Virgen del Carmen,
por su romería de San Isidro labrador, por la Rambla de Castro,
por la playa de El Socorro y, también, por sus sabrosos pasteles
de hojaldre. Los Realejos es el último reducto de una tradición
repostera singular y centenaria que le ha dado merecida fama
en todo el Archipiélago.
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Más concretamente, dos empresas familiares, las que regentan
Paula Hernández y Mercedes Fuentes, conservan la receta y
el modo antiguo de elaboración de los mejores pasteles artesanales
de la isla. Harina de trigo, manteca de cerdo, agua, sal,
dulce de guayaba y azúcar son los sencillos ingredientes de
este dulce seco y crujiente que tradicionalmente ponía sabor
a la Navidad norteña, pero que en la actualidad se produce
y se consume durante todo el año. Sobre el origen de este
producto en la Isla se barajan varias hipótesis. Unos apuntan
a una posible procedencia francesa, mientras que otros señalan
que los elaboraban las monjas de varios de los numerosos conventos
que existieron en el Valle de La Orotava. Hoy en día, donde
único se puede encontrar esta exquisitez repostera es en dos
casas de Los Realejos.
Centenarias
Mercedes Fuentes y Paula Hernández atesoran en sus manos artesanas
el legado de cerca de 140 años de tradición pastelera. Las
dos dulcerías llegaron a estar durante un tiempo en la misma
calle, la del Sol, una enfrente de la otra.
Mercedes y Paula presumen de ser buenas amigas y compañeras.
Cuando alguna se ha quedado sin harina, manteca u otro ingrediente,
la otra le ha echado una mano enseguida. Las dos, ejemplo
de sacrificio y laboriosidad, se confiesan muy ilusionadas
por el Premio de Gastronomía 2004 a la mejor respostería que
les ha concedido ex aequo DIARIO DE AVISOS. "Si nos lo han
dado será porque nos lo merecemos", comentó doña Paula con
su habitual simpatía.
Es el primer reconocimiento público que reciben estas dos
modestas empresas familiares, a pesar de sus dilatadas y conocidas
trayectorias, que han hecho de sus establecimientos lugares
de auténtica peregrinación popular, sobre todo durante las
Navidades, cuando no dan abasto para atender tantos encargos
de todos los puntos de la isla. Hasta tienen que hacer listas
de espera.
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A pesar de la dura competencia de la moderna bollería y las
grandes empresas industriales, las dos pastelerías artesanales
de Los Realejos siguen teniendo una demanda mayor que su limitado
nivel de producción. Antes vendían más, pero sus pasteles
siguen siendo una exquisitez muy valorada.
Proceso de elaboración
La elaboración de los pasteles comienza con la masa de manteca
y harina, que una vez hecha se tiene que dejar reposar durante
horas; toda una noche. Luego se separan grandes porciones,
llamadas bastos, que son sobadas meticulosamente. Más tarde
se estiran los bastos sobre la mesa y se forman las velas,
unos rollos finos y alargados que se trocean en pequeñas porciones.
Estas porciones se abren para hacer las tapas, lo que requiere
una maña especial. Se pone una primera tapa en la milana o
bandeja grande, y en el centro de la tapa se echa un poco
de relleno, que habitualmente es dulce de guayaba, aunque
puede ser también 'cabello de ángel', de batata o de manzana.
Luego se coloca encima otra tapa. Las milanas una vez llenas
se introducen en el horno. La última fase del proceso, cuando
ya están fríos los pasteles, consiste en espolvorearlos con
azúcar y envasarlos. En la actualidad se hacen controles sanitarios
de los pasteles de hojaldre y para garantizar su calidad,
su sabor y su inconfundible textura crujiente, se fija una
fecha de caducidad de dos meses.
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