Doña Paula
La pastelería de Paula Hernández
es en realidad la continuación de la tradición artesanal
de la familia de su marido, Gregorio Hernández, al que
todo el mundo conoce por Paco el de Montijo, zona de La
Orotava de donde procede. La bisabuela de Paco, Juana,
ya hacía panes y pasteles en 1889, labor "que al parecer
aprendió de una monja", según oyó contar alguna vez el
biznieto. Años más tarde la familia se trasladó a Los
Realejos y en la calle La Carrera, que hoy precisamnete
se llama Montijo por su familia, el abuelo Vicente abrió
una panadería y dulcería, que luego la madre de Paco,
doña Concha, trasladó a la calle El Sol. Finalmente, Paco
Hernández se hizo cargo del negocio, hace 23 años, cuando
se quedó en paro -trabajaba en el economato de un hotel
del Puerto de la Cruz- y coincidió que su madre cayó enferma.
Entonces fue cuando enseñó el arte pastelero a su mujer,
Paula, que es la que atiende ahora al público en su local
de la calle La Paz, cerca de Tigaiga.
Ella es la relaciones públicas del negocio y también la
primera que prueba los pasteles recién sacados del horno
y antes e salir a la calle, "para comprobar que están
buenos". La dulcería Paula prácticamente sólo produce
pasteles de hojaldre y bizcochos "porque ya con eso tenemos
trabajo de sobra". Paco recuerda otros tiempos cuando
su familia hacía tartas, refrescos de boda, truchas, piononos,
marquesotes, troncos y hasta pasteles rellenos con dulce
de tomate. También se solían rellenar con cabello de angel
o dulce de batata, pero estos rellenos aflojan el hojaldre,
de ahí que prefieran el dulce de guayaba argentino o cubano.
En casa de doña Paula durante la época de Navidad el trabajo
se multiplica de forma considerable, mientras que la demanda
baja en Semana Santa y durante el verano. "El calor no
es bueno para el hojaldre, y además, apetece menos", señala
Paco. Venden sus pasteles y bizcochos por toda la isla,
y a menudo hasta cruzan el charco. "Una señora vino a
comprar seis cajas de pasteles -cuenta doña Paula- para
llevarlos a Venezuela para sus hijos, pues decía que era
el mejor regalo que podía llevarles de aquí". Les preocupa
que la continuidad de la pastelería Paula no está tan
asegurada, pues las dos hijas del matrimonio se dedican
a oficios bien distintos. No obstante, otros familiares
de Paco sí continuarán la tradición que hace más de cien
años sus bisabuelos aprendieron en Montijo.
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