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La denominación de origen Ribera
del Duero es relativamente nueva, pero es probable que los
romanos cultivaran ya el viñedo en ese territorio, creando
lagares para abastecer a sus legiones. Pero fueron las órdenes
monásticas las que propagaron la cultura del vino en la meseta
ibérica. Ya en el siglo XII, los monjes procedentes de Cluny
elaboraban vino en Valbuena de Duero.
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En el siglo XVI, los vinos que se elaboraban en Valladolid
y Burgos eran tintos oscuros, pero no tenían, al parecer,
la raza que hoy caracteriza a sus sucesores.
Desde 1982, la comarca vitivinícola de la Ribera obtuvo su
propia Denominación de Origen. La iniciativa de las bodegas
tradicionales se vio respaldada por el trabajo de los pequeños
viticultores, que elaboran cada año algunos vinos excepcionales
que se cuentan entre los mejores tintos españoles. Y esta
leyenda se fortaleció con el aporte de buenos enólogos y entusiastas
inversores, sin olvidar a las firmas clásicas, que han seguido
creando joyas.
Los grandes vinos de la Ribera del Duero han marcado un cambio
definitivo en la apreciación de los nuevos tintos. Los amantes
del buen color, noble graduación (13º o 13'5º), poderoso tanino
y aristocrática presencia, deben estar siempre atentos a las
espectaculares creaciones que nacen en esta singular región.
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Sus grandes vinos han marcado un cambio en los gustos
de los consumidores |
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Situada en el corazón de Castilla y León, la región se extiende
a lo largo de unos cien kilómetros, siguiendo el curso del
Alto Duero. Comprende 19 municipios de Valladolid, cinco de
Segovia, seis de Soria y 59 de Burgos. La provincia de Burgos
destaca con el 85% del viñedo.
Estos viñedos de altiplanicie se extienden por ambas orillas
del río, generalmente muy próximos a las orillas. La zona
más ancha apenas alcanza los 30 kilómetros. Las tierras más
bajas se dedican a cultivos de regadío y las cotas más altas
de paramera están ocupadas por el cereal, mientras que el
viñedo se cultiva en las terrazas intermedias, aunque algunos
viticultores prefieren zonas altas "donde la vid se hiela".
El relieve es ondulado. Las tierras llanas y pedregosas del
valle se alternan con las escarpadas colinas, a veces coronadas
de altivos castillos y salpicadas de pinares y bosques.
El viñedo se extiende también por los valles colaterales del
Duratón, Gromejón, Bañuelos, Arandilla y Riaza. Además del
viñedo, se cultivan el trigo, la remolacha y las hortalizas.
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La variedad más tradicional de la zona es la tinta del país
o tinto fino, también llamada tempranillo, que ocupa el 60%
del viñedo. Esta variedad ofrece aquí más pigmento y mejor
acidez frutal que en otros climas españoles, cualidades que
permiten elaborar vinos más elegantes, mejor estructurados
y muy ricos en extracto. También se cultivan la garnacha,
que no se utiliza en los tintos de crianza -al menos dentro
de la D.O.- y cepas internacionales como la cabernet sauvignon,
la malbec y la merlot. Estas últimas producen, en Valbuena,
vinos de 13º que soportan un largo proceso oxidativo de crianza,
evolucionando hacia vinos ricos en extracto seco y en elegante
acidez, que funden sus jugosos taninos en el tostado y ahumado
roble añejo. En menor medida, también podemos encontrar en
la Ribera del Duero plantaciones de albillo -una uva blanca
que algunos elaboradores aún mezclan en las cubas de tinto-
y otras variedades como la bobal.
Clima continental, con temperaturas extremas: veranos cálidos
e inviernos muy fríos. La pluviosidad oscila entre los 400
litros de Sardón y los 560 de Aranda. La luminosidad es alta.
Alcanza su máximo en las 2.750 horas de sol de Valbuena. El
otoño en esta región castellana suele ser frío y moderadamente
húmedo, aunque las lluvias no suelen afectar la vendimia.
Las heladas de primavera son frecuentes, sobre todo en mayo,
determinando diferencias sustanciales entre las cosechas.
Las viñas ocupan principalmente las terrazas intermedias,
sobre terrenos arcillosos. Las márgenes del río están formadas
por terrazas aluviales-diluviales. Las laderas calcáreas más
altas ofrecen, en ciertas cosechas, vinos de calidad excepcional.
Hay también suelos arenosos, inmunes a la filoxera, ocupados
por pinares. Pero, a la vez, hay que preservar claramente
el patrimonio de las D. O. Y, para ello, nada mejor que delimitar
los pagos donde nacen los mejores vinos.
Más información:
Vega
Sicilia y Alejandro Fernández
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