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Paul Bocuse lleva 55 años cocinando
y luce orgulloso las tres estrellas que la guía Michelin le
concedió en 1965, cuando saltó a la fama, hace ahora cuarenta
años. Dice estar cansado de expandir su negocio y se muestra
feliz con el papel de guardián del templo gastronómico que
es su restaurante 'Bocuse-L'Auberges' de Collonges-au-Mont-D'Or,
cerca de Lyon, Francia.
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Sin embargo, para matar el tiempo, regenta una escuela de
cocina y hotelería que lleva su nombre (Institut Paul Bocuse)
y dicta conferencias por todo el mundo. Hoy, cuando sus seis
libros ya vendieron tres millones de ejemplares, su misión
declarada es difundir las artes culinarias, pero no descuida
el imperio económico que ha construido alrededor de la gastronomía.
Con el tiempo, Bocuse aprendió a aceptar sin reticencias el
título de creador de la "nouvelle cuisine". "En la flor de
la edad y en una Francia convertida en potencia agrícola que
inventaba ollas a presión y teflón, hacía falta un embajador",
bromeó en una entrevista con el diario La Vanguardia.
En 1972, en una de sus habituales presentaciones, los periodistas
Henri Gault y Christian Millau acuñaron el término. Fue entonces
que Michel Guérard, Roger Vergé, Alain Chapel y los hermanos
Troisgros, entre otros jóvenes chefs, con Bocuse a la cabeza,
cambiaron la suculenta cocina tradicional francesa (a base
de manteca, crema y salsas) por una menos calórica donde los
productos frescos y de calidad son la vedette.
El golpe de gracia lo dio en 1961, cuando recuperó el café
que regentó su familia desde el siglo XVII (y su abuelo había
vendido, con el apellido incluido en 1921). Algunos de los
platos más famosos de su carta, como la "Lubina en corteza
de hojaldre", datan de aquella época. Ese mismo año fue galardonado
como el "Mejor trabajador de Francia" ("Meilleur Ouvrier de
France"), premio que desde 1924 entrega el gobierno francés
a los artesanos y profesionales más destacados. En marzo pasado,
en la guía Michelin France 2005, batió otro record: 40 años
con tres estrellas, el máximo alcanzado.
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Desde 1987 realiza el Bocuse DOr, oficioso Campeonato
del Mundo de Cocineros, junto a una prestigiosa feria
de productos gourmetsía |
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Fue el primer chef que salió de las cocinas, en 1965, para
dar clases en Japón. "Fui un precursor y mi curiosidad me
llevó a todas partes, Europa, Asia y los Estados Unidos...
aprendí geografía viajando", recuerda. Gault y Millau organizaron
en 1969 una gira por 30 ciudades norteamericanas, que vieron
a un joven Bocuse cocinar trufas y ofrecer el vino beaujolais
de su amigo George Duboeuf. Allí mismo, lejos de los fast
food, en 1982 abrió el primer restaurante francés de Disneyworld.
El "Chefs de France", ubicado en el mismísimo Epcot Center,
que es regentado por su hijo Jerome y sirve 3.000 cubiertos
diarios sólo con platos franceses.
Bocuse, que maneja la comunicación como un experto, sabe cambiar
de registro una vez cerrada la puerta del mesón en el que
nació y en el que sigue viviendo. Cuando entra en uno de sus
bares-restaurantes, se transforma en gerente de empresa siglo
XXI. Obstinado, además, vigila 14 panaderías en Japón; el
restaurante del Hotel Méridien en Copacabana; uno de 65 cubiertos
en Tokio y el 'Bocuse' a bordo del lujoso crucero Royal Viking
Sun.
Fue también él quien hizo camino en materia de consultoría
(supervisa el menú del Lido y las conservas William Saurin
por 70.000 euros anuales) y de distribución de productos (chocolate,
café, té, vinos) con el sello Bocuse en cada restaurante.
Su última creación es 'Argenson Gerland', el restaurante del
estadio Olympique de Lyon.
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En paralelo a la cocina de alta alcurnia, Bocuse reflexiona
sobre una nueva forma de restaurante. Durante los años 90
inauguró sus "brasseries", una en cada punto cardinal de su
ciudad natal, donde el precio medio de un plato -con 2.000
cubiertos diarios- oscila entre 8 y 10 euros (comparados con
170 euros en el restaurante tres estrellas).
"Monsieur Paul", como lo llaman sus colaboradores, tiene sólo
el 52 por ciento de las brasseries. El resto es de sus cuatro
cocineros aprendices de siempre. "Los precios son muy altos
en el resto del mundo, pero no en Lyon. Porque nosotros somos
los más viejos en el mercado y ya hemos pagado nuestras deudas",
afirma.
En su nuevo emprendimiento, la decoración lujosa de 'L'Auberges'
le cede el lugar a la modernidad: cocinas abiertas, amplias
pantallas animadas, especialidades francesas y extranjeras,
cocciones cortas, etcétera.
Desde su sitio web, Bocuse invita a meterse en las instalaciones
de su restaurante en una visita virtual, con imágenes en 360
grados de la cocina, el gift shop y hasta el hall del excéntrico
edificio con aires victorianos. También se pueden hacer reservas
on line, consultar el menú, copiar alguna de sus fascinantes
recetas y hasta ver en vídeo el mensaje de felicidades que
envió para el año 2000 y que, visionario, ya en 1997 había
editado en CD-ROM.
En una enorme cocina se transforma Lyon cada dos años, desde
1987, cuando se realiza el Bocuse D'Or, un concurso que premia
a los nuevos valores de todo el mundo. Este 2005 el ganador
fue el también francés Serge Vieira, que se llevó 20 mil euros.
La organización del evento le cuesta un millón de dólares
al imperio Bocuse. Que parece no haberse resentido. Y es que
paralelamente se celebra una feria de productos gourmet que
es en sí misma un gran negocio.
Pero aunque perdiera dinero -que no es el caso- Bocuse dice
que no le importa. "Para duplicar la felicidad hay que compartirla",
dijo el gran chef, sonriendo para la foto, mientras entregaba
la estatuilla con su figura, 'el Nobel de la cocina', ante
más de 600 periodistas, 20 cadenas de televisión y 45 fotógrafos
de agencias de todo el mundo. Es que ya está acostumbrado
a los reflectores: desde 1988 tiene un programa semanal en
la televisión alemana.
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