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La importancia histórica del ganado
caprino y los quesos en la isla de La Palma queda demostrada
en los primeros documentos escritos que existen.
La isla se incorpora a la Corona de Castilla en el año 1493
y desde esta fecha se tiene constancia no sólo de la existencia
de cabras y ovejas en número de 20.000 animales, sino también
de la importancia que desde entonces ha tenido la industria
quesera. En este sentido, los protocolos del siglo XVI señalan
exportaciones de queso palmero a otras islas atlánticas y
al continente americano.
Los ovinos y caprinos fueron fundamentales en la economía
y alimentación de los benahoritas (pobladores prehispánicos
de la isla), al igual que algunos ganaderos actuales, practicaban
la trashumancia, llevando los animales durante los meses de
verano a las cumbres y bajándolos a zonas costeras en primavera
e invierno. La llegada de los españoles significó también
la introducción de nuevas poblaciones animales que se cruzaron
con los aborígenes dando lugar a las actuales razas de pequeños
rumiantes: la raza ovina palmera, en peligro de extinción,
y la raza caprina palmera, que es el soporte del queso Palmero.
En estos últimos animales es de destacar la influencia de
razas portuguesas como la algarbía y la serrana. Teniendo
en cuenta los trabajos arqueológicos y de tradición oral llevados
a cabo, la forma de elaboración de los quesos debió ser similar
a la actual. La importancia del queso Palmero se ha mantenido
a lo largo de los siglos. En la actualidad es uno de los productos
emblemáticos del sector agrícola-ganadero de la isla. En 1997
el trabajo conjunto de los ganaderos de la isla y las diferentes
administraciones dio origen a la obtención de la Denominación
de Origen Provisional Queso Palmero que se extiende, también,
a la de Queso de La Palma. En 2000 se estableció ya de manera
definitiva la D.O.P. Queso Palmero. Esta merecida distinción
supone un reconocimiento oficial para este singular queso
y también una cierta protección frente a sus imitadores. Su
fama ha hecho que sea copiado y falsificado. Características
del Queso Palmero En el queso palmero se dan determinadas
características propias.
En primer lugar, el origen de la leche procedente de manera
exclusiva de cabras palmeras, la raza autóctona de la isla.
La producción media se estima en 362,6 kilos de leche en 210
días de lactación con un ordeño. Aunque lo más importante
es la calidad de la leche, con un 4,07% grasa y 4,21% proteína,
de la cuál un 86,45% es caseína. A estas cifras hay que añadir
la riqueza en los alelos A (68%) y B (23%) de la á s1 caseína.
Actualmente el censo caprino de la isla es de unas 24.000
hembras en ordeño, distribuidas en rebaños con un tamaño medio
de 45 cabezas. Otro aspecto que incide favorablemente en el
queso palmero es el sistema de explotación. En su mayoría
semiextensivo o en pastoreo. Las cabras palmeras son los animales
ideales para el aprovechamiento de la rica vegetación de la
isla, en su mayoría distribuida en parajes escarpados y de
difícil acceso. Para utilizar al máximo los recursos pastables
de la isla se practica la transtermitancia entre zonas de
cumbre y costa. Dentro de la amplísima flora autóctona es
de destacar el consumo de especies autóctonas y endémicas
como el tagasaste, la gacia, la tedera y el codeso. También
existen abundantes pastizales de trébol subterráneo en las
medianías húmedas y subhúmedas, así como otros con gramíneas
dominantes, del tipo de Hyparrhenia hirta. Por último, está
la forma de elaboración.
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Los ovinos y caprinos fueron fundamentales en la economía
y alimentación de los benahoritas (pobladores prehispánicos
de la isla), al igual que algunos ganaderos actuales,
practicaban la trashumancia, llevando los animales durante
los meses de verano a las cumbres y bajándolos a zonas
costeras en primavera e invierno. La llegada de los españoles
significó también la introducción de nuevas poblaciones
animales que se cruzaron con los aborígenes dando lugar
a las actuales razas de pequeños rumiantes: la raza ovina
palmera, en peligro de extinción, y la raza caprina palmera,
que es el soporte del queso Palmero. |
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La técnica quesera que protege la DOP no difiere significativamente
de la que se ha venido utilizando en la isla desde que se
tienen noticias escritas. Solamente se han incorporado “mejoras
tecnológicas” para adaptarlo a la normativa europea. Por ejemplo:
el ordeño fuera del establo, la elaboración en un lugar exclusivo
para esa finalidad con paredes, suelos y techos fáciles de
limpiar, con protección en ventanas y puertas, el mantenimiento
de los quesos frescos en refrigeración (4-6ºC), etcétera.
La obtención de la leche se realiza a partir del ordeño manual
o mecánico, y su posterior filtrado. Se añade cuajo proveniente
de estómagos desecados de cabrito, u otras enzimas coagulantes
que estén expresamente autorizadas por el Consejo Regulador
de la Denominación de Origen del Queso Palmero. La leche permanecerá
entre 27 y 33°C, durante un periodo aproximado de 45 minutos.
Una vez obtenida la cuajada será sometida a cortes sucesivos
hasta obtener un tamaño de grano muy pequeño, procediéndose,
a continuación, a un prensado previo para eliminar la mayor
cantidad posible de suero, de lo que resulta una pasta semiprensada.
La cuajada se introduce en los aros, empleitas, o moldes
de plástico o metálicos inoxidables, sin relieve. Las caras
podrán presentar una impresión en forma de cuadrícula menuda.
La salazón será húmeda o seca, utilizándose sal marina, preferentemente
de las salinas de la isla. En caso de salazón húmeda, el tiempo
máximo de permanencia será de 24 horas en una solución salina.
Los quesos podrán ser ahumados de acuerdo con la práctica
tradicional, utilizando como combustible para este proceso
cáscaras de almendra, tunera seca y madera y acículas de pino
canario. Durante la maduración se aplican las prácticas de
volteo y limpieza que sean necesarias. En los quesos madurados
se permite el untado con aceite de oliva y/o gofio y/o harina,
en cuyo caso deberá constar con claridad en la etiqueta.
Las características del queso palmero
Su forma es cilíndrica, con las caras planas y bordes
no muy marcados. La altura es de 6 a 15 centímetros,
con un diámetro de entre 12 y 60 centímetros.
El diámetro, para guardar las proporciones adecuadas,
estará comprendido entre 2 y 4 veces la altura.
El peso suele estar entre entre 0,75 y 15 kilos.
En la corteza presenta una superficie lateral lisa, pudiéndose
admitir pequeñas marcas circulares. Las caras de las
bases pueden presentar pequeños relieves en forma de
cuadrícula. Además, en la cara superior irá
una impresión central de forma variable que llevará
una combinación de números y letras, según
la forma tradicional.
Los quesos pueden ahumarse o no, por lo que su corteza es
variable. En los quesos sin ahumar el exterior es blanco brillante
en los frescos y va tomando tonalidades marfileñas
a medida que se va curando hasta adquirir tonos pardos y marrones
claros en los quesos maduros.
Los quesos ahumados presentan el aspecto característico
en bandas paralelas. El color de las mismas depende del material
utilizado para el ahumado y también del tiempo de maduración
del queso. El color de las bandas puede variar de diferentes
intensidades de amarillo a pardos y marrones claros. Cuando
se realiza uno de los tratamientos autorizados por la DOP
en la superficie -untado con aceite, gofio o harina- la corteza
presentará el aspecto característico que le
confieren dichos productos.
La pasta del queso es de color blanco brillante, adquiriendo
tonalidades marfileñas y mates según va madurando.
La superficie y el corte están libres de elementos
de ruptura tales como cavidades y grietas, pudiendo presentar
pequeños ojos repartidos al azar y en su mayoría
de forma irregular.
La textura debe ser de firmeza (resistencia que oponen los
quesos a ser masticados), elasticidad y solubilidad media.
La friabilidad (capacidad para generar trozos a la mordida)
es muy baja en los quesos frescos aumentando con el proceso
de curación. La microestructura es harinosa. La sensación
de humedad en boca es variable: húmeda en los quesos
frescos y tiernos y de moderadamente húmeda a seca
a medida que se producen los fenómenos ligados a la
maduración.
En lo que respecta al olor y aroma, estos deben ser limpios,
reconociéndose el origen de la leche de cabra y un
ligero recuerdo al cuajo natural.
En todos los quesos destacan descriptores de la familia
láctica -leche de cabra, cuajada, nata fresca, mantequilla,
lactosuero-. También es de destacar que, sobre todo,
en los quesos de manada aparecen notas herbáceas -hierba,
heno recién cortado- e incluso pueden ser afrutadas.
La mayoría de estos quesos presentan el característico
aroma a almendras peladas.
De los sabores elementales, el salado es medio, aunque se
puede conseguir en el mercado quesos bajos en sal para adecuarlos
a las necesidades de personas que estén sometidas a
este tipo de dieta. Se detecta una ligera acidez y en algunos
quesos un ligero y agradable amargor, este atributo está
asociado a los quesos elaborados con leche de cabras que pastan
en zonas secas. Sobre todo, en los curados, aparece otro tipo
de sensaciones que refuerzan la personalidad de estos quesos,
unas pinceladas de picante y astringente son bien valoradas.
Finalmente la persistencia depende mucho del tiempo de maduración,
de forma que las sensaciones percibidas en los quesos frescos
no permanecen mucho tiempo en boca, mientras que en los quesos
curados el conjunto de las mismas dura proporcionalmente a
la edad de los mismos.
Los quesos frescos y tiernos son semigrasos pasando a la
categoría de grasos a medida que avanza la maduración
de los mismos.
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