Viernes, 21 de enero de 2005
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Ambiente musical
"La mano maestra"

El programa del pasado viernes 14 ha resultado una ocasión de notable brillantez, con la presencia del maestro Jesús López Cobos dirigiendo a la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria en un nuevo monográfico dedicado al compositor austrobohemio Gustav Mahler.



La primera parte contó con la presencia de la mezzosoprano alemana Birgit Remmert, quien debía afrontar el ciclo de Cinco Lieder según textos de Friedrich Rückert, uno de los grandes corpus de canción finisecular. Remmert venía avalada por un impresionante currículum internacional en el terreno del oratorio, la ópera y la canción, tanto en vivo como en grabación. Se trata de un instrumento bastante lírico, de registro medio poco ancho y graves un tanto escasos. Esto redundó desfavorablemente en varios pasajes donde la voz disminuía de tamaño y perdía armónicos, hasta ser cubierta por una orquesta casi camerística que Jesús López Cobos dirigió con sumo cuidado y refinamiento hasta rozar la asepsia.

Puede que el maestro tratara de adecuar la interpretación orquestal a las prestaciones de la solista, que pese a la suma corrección de sus prestaciones, pudo echar en falta amplias dosis extras de calor y vuelo. La lectura resultó sumamente contenida, casi impersonal, despojada de inflexiones y de colores; el instrumento tendía a ensuciarse tímbricamente, ya que no de afinación, en los pianos del registro medio agudo, y pese a la inevitable subjetividad de la percepción, también el vibrato excesivo y muy marcado puede ir más allá de lo ideal para una forma en parte opulenta, pero de naturaleza intrínsecamente íntima.

La segunda parte estuvo dedicada a la Décima Sinfonía de Mahler, la obra inacabada de la que el Festival sólo había ofrecido el Adagio original (1996) y éste fragmento, más el Purgatorio hace tres ediciones; la edición escogida fue la de Remo Mazzetti. La Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, cuya viento madera había ofrecido en la primera parte algunas imprecisiones, se creció y lució ahora bajo la dirección alucinada y alucinante de un Jesús López Cobos -de nuevo- en estado de gracia. Es una lástima la relativa escasez de público ante una versión tan brillante en lo expresivo, como notable, por las prestaciones de una formación cuya cuerda -y las violas en particular- merecen una mención especial.

López Cobos volvió a sobrecoger por su maestría interpretativa desde el generalizado conocimiento que hay de su extraordinaria versatilidad de géneros y repertorios; su Mahler es tan sólido de flujo y discurso, como intenso de expresión y refinado en los matices. La habilidad para conferir unidad orgánica a este coloso orquestal que es la 10ª Sinfonía es inseparable de constantes vaivenes de tensión sobrecogedora -como en el famoso acorde rascacielos del Adagio- y pasajes de amplio vuelo lírico. Ya nos ha parecido en otras ocasiones que su visión de Mahler es apolínea e idealista, y aunque se resiste a sacar más relieve el constante elemento popular rural y urbano, dio campo ancho a los tonos ora siniestros, ora sardónicos que pueblan el Purgatorio y el Scherzo II.

El público, algo frío tras los Rückert Lieder, se volcó al final de la velada; a la luz de tantos Festivales, este concierto revalidó las altas potencialidades de la formación orquestal grancanaria y nos recuerda la talla internacional de ese enorme director que es Jesús López Cobos.