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La integración de Canarias en la Red Natura 2000, la red ecológica europea, cumple su tercer aniversario. Fue en diciembre de 2001 cuando la Comisión Europea (CE) dio luz verde a la Lista de Lugares de Interés Comunitario (LIC) de la Región Biogeográfica de la Macaronesia, que integran además de Canarias, Azores, Madeira, Islas Salvajes y Cabo Verde.
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Como dijo el comisario europeo de Medio Ambiente, Stavros Dimas: "La Red Natura 2000 es la red más grande y coherente de zonas protegidas del mundo y el instrumento más eficaz de la Unión Europea para proteger su flora y su fauna, su biodiversidad" |
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Augusto Lorenzo Tejera (Consejero de Medio Ambiente y Ordenación Territorial del Gobierno de Canarias)
Esta declaración ha supuesto la aprobación del primer compendio de espacios naturales representativos de Europa, conformados por las zonas especiales de conservación (ZEC) y las zonas de especial protección para las aves (ZEPA).
Como dijo el comisario europeo de Medio Ambiente, Stavros Dimas: "La Red Natura 2000 es la red más grande y coherente de zonas protegidas del mundo y el instrumento más eficaz de la Unión Europea para proteger su flora y su fauna, su biodiversidad". Una reflexión que suscribo como consejero de Medio Ambiente y Ordenación Territorial de una Comunidad Autónoma como la canaria, que cuenta con 174 de sus valores naturales incluidos en esta lista, y una reflexión que quiero hacer extensiva también, aprovechando este aniversario, a las consecuencias, retos, incertidumbres y fortalezas que acompañan a esta declaración histórica.
El propósito de la Directiva Comunitaria 92/43/CEE de 21 de mayo de 1992, conocida popularmente como Directiva Hábitat, era y es fomentar la ordenación del territorio, la gestión de los elementos del paisaje que revisten importancia para la flora y la fauna silvestres, así como garantizar la aplicación de un sistema de vigilancia del estado de conservación de los hábitat naturales y de las especies, que evite su degradación, desde la perspectiva de contribuir al uso sostenible del medio y de sus recursos, encarnados en Canarias por las Directrices de Ordenación General y del Turismo, y permitir así que las generaciones venideras puedan disfrutar de su beneficio.
Si bien se han definido tres regiones más en el ámbito europeo, además de la macaronésica; como son la alpina, la atlántica y la mediterránea, es, sin duda, la macaronésica, especialmente el archipiélago canario, la que alberga la mayor biodiversidad de toda la Unión Europea, pese a tratarse de la Región Biogeográfica más pequeña. Estas islas volcánicas cuentan con 208 de sus valores naturales incluidos en la Red Natura, y 174 de éstos se localizan en nuestro Archipiélago -149 terrestres, 22 marinos y tres mixtos- ocupando una superficie de 296.671 hectáreas, casi el cuarenta por ciento de la superficie terrestre de Canarias, lo que da una idea aproximada del interés ecológico de nuestro territorio, de nuestro patrimonio natural. A estos entornos se les suman las 27 zonas de Especial Protección de Aves del Archipiélago.
Nuestros fuertes contrastes climáticos alientan un territorio de contrastes y riqueza. La biota de Canarias contiene 12.600 especies en el medio terrestre, y 7.000 contabilizadas en el mar. En las Islas se describe una especie o subespecie nueva cada seis días y tenemos una especie endémica cada dos kilómetros cuadrados de superficie. Con este panorama ecológico no es de extrañar que Canarias se haya dotado ya de otros instrumentos de protección: 146 espacios naturales incluidos dentro de la Red canaria, con una superficie total de 300.000 hectáreas, lo que supone más del 40% de la superficie del Archipiélago. Parques Nacionales, Naturales o Rurales, Reservas Naturales Especiales o Integrales, Monumentos Naturales, Paisajes Protegidos o Sitios de Interés Científico adornan y se entretejen sobre nuestro territorio único, ahora también reconocido por la Unión Europea.
En este objetivo de mejorar la gestión de nuestro patrimonio natural, la Comunidad Autónoma ha apostado por un modelo de ordenación integral del territorio, por un desarrollo sostenible, compatible con el uso del territorio y el respeto al medio ambiente.
Las Directrices de Ordenación General de Canarias, como eje conductor de este proceso hacia la sostenibilidad, definen los criterios básicos de ordenación y gestión de los recursos naturales. Establecen en materia de gestión un sistema de evaluación bianual de la Red de espacios protegidos, prestando atención especial al cumplimiento de las disposiciones normativas que les afectan, al desarrollo de las estrategias de conservación en que se fundamentan, a la percepción de los ciudadanos sobre la gestión que se desarrolla en esos espacios y el valor de las protecciones adoptadas. También se plantea en ellas el desarrollo por las Administraciones Públicas de una política de adquisición, con destino al dominio público de los espacios estratégicos o de mayor valor en biodiversidad para su recuperación, de forma que se consiga incorporar al patrimonio público una completa muestra de todas las especies endémicas de la fauna y flora de Canarias y estén representados los hábitat naturales mejor conservados del Archipiélago.
En este marco de trabajo, es interesante la posibilidad que recoge el Texto Refundido de las Leyes de Ordenación del Territorio y de Espacios Naturales de Canarias de establecer áreas de gestión integrada, concebidas para la realización de una gestión integrada de los recursos, buscando el equilibrio entre su conservación y las diversas actividades, en aras de conseguir un uso sostenible del territorio, de forma que, en la misma línea de los planteamientos de las Reservas de Biosfera, los espacios naturales no supongan, ni sean percibidos por la población local, como un freno a su desarrollo, sino como una fuente de recursos, un incentivo y un valor añadido. Entornos, en definitiva, donde se combinen y se den cita la conservación y la investigación, el seguimiento del medio ambiente, la formación y la educación ambiental, la contribución al desarrollo y la participación social, con y desde la implicación de todos los agentes.
La Directiva Hábitat, que sintoniza con estas propuestas integradoras, al insistir en el fomento de los usos compatibles con la conservación de la naturaleza, sin optar por la vía de la prohibición de todas las actividades, supone el mayor reto en materia de gestión y conservación de la naturaleza para los próximos años. Porque no se trata sólo de catalogar y compilar un listado de espacios europeos considerados valiosos y aislarlos, desarrollando un modelo de gestión ajeno a las personas, sino de realizar una gestión integral del territorio que contemple a los seres humanos y sus actividades como un factor más que incide en el sistema natural, contemplando el territorio como un todo.
Este reconocimiento europeo a un territorio singular se suma a otros elementos estratégicos que se verán refrendados en la Constitución Europea, marco jurídico que en Canarias percibimos como una oportunidad histórica de consolidar una atención y el amparo a la concreción de unas dotaciones económicas estables para salvaguardar nuestra singularidad, nuestros valores naturales, amortiguando los costes de nuestro alejamiento, de nuestra ultraperificidad.
Estas dotaciones financieras son fundamentales porque la Red Natura 2000 supone un firme compromiso en la adopción de las medidas de conservación necesarias, que implicarán, en su caso, adecuados planes de gestión, específicos a los lugares o integrados en otros planes de desarrollo, y las apropiadas medidas reglamentarias, administrativas o contractuales, que respondan a las exigencias ecológicas de los tipos de hábitat naturales y de las especies que se intenta proteger.
La propia Directiva aborda la posibilidad de solicitar cofinanciación destinada a desarrollar las medidas de conservación y recoge este compromiso económico, teniendo en cuenta la concentración en el Estado miembro de hábitat y especies prioritarias y las cargas que impliquen las medidas requeridas, por lo que bajo estas premisas y criterios el Estado español, y más específicamente, Canarias, saldría obviamente beneficiado financieramente, debido a la elevada concentración de biodiversidad de las Islas.
Sin embargo, la Directiva no especifica un instrumento financiero concreto para la Red Natura 2000, un vacío financiero sobre el que debemos reflexionar en este tercer aniversario, valorando la necesidad de buscar y crear cauces, herramientas y vías para que la UE incorpore un mecanismo financiero específico para la gestión de esta Red ecológica.
Por dos motivos: primero, porque nos enfrentamos a la obligatoriedad de que los instrumentos de gestión de cada uno de los 174 espacios deben estar ultimados antes del 1 de enero del año 2007; y también porque de cara al nuevo período financiero, entre los años 2006 y 2013, tenemos abierto un gigantesco interrogante con relación a la continuidad, distribución y concreción de los instrumentos y fondos comunitarios que nos permitan garantizar la óptima gestión de estos espacios, que hasta ahora se han venido cofinanciando de manera parcial y dispersa a través de fondos como los del FEOGA, proyectos en los montes canarios ejecutados por los cabildos; Lifes, desarrollados por la Comunidad Autónoma, cabildos y ONG, Interreg o LEADER, vía financiera que se pretende encauzar para ayudas a sufragar la gestión de proyectos enraizados en los entornos rurales para el desarrollo sostenible de estas zonas, iniciativa importante pero insuficiente, ya que no incluye las necesidades de financiación para la gestión de los valores naturales marinos, los Lugares de Interés Comunitario situados en nuestro mar, y que superan la veintena. La incertidumbre sigue sin despejarse.
Hasta hoy, los proyectos enmarcados en la iniciativa de cooperación transnacional Interreg han servido para impulsar programas conjuntos en la Macaronesia, toda vez que sus objetivos de desarrollo territorial, conservación del medio ambiente, gestión sostenible de los recursos naturales, impulso al desarrollo de la Red Natura para unir las zonas protegidas, rehabilitar paisajes degradados por la acción humana y la gestión concertada de aguas litorales han casado de forma perfecta con las necesidades de gestión del archipiélago canario y de nuestros vecinos de la Macaronesia.
De hecho, uno de los objetivos de la Red Natura 2000 es frenar el despoblamiento de las zonas rurales y permitir el mantenimiento de las rentas locales. Para ello es fundamental que perduren determinados usos del suelo. Actividades como la agricultura, la ganadería, la gestión forestal o el turismo deben recibir especial atención porque pueden suponer un factor conservador del medio natural, y han de desarrollarse buenas prácticas, minimizando su impacto, potenciando la conservación de los ecosistemas, y manteniendo la rentabilidad económica y social de las poblaciones rurales. En esta línea se enmarca el proyecto Interreg Sostenp, que persigue fomentar un desarrollo turístico sostenible y diversificado, diferenciado en la oferta, apoyando los elementos más vinculados a los valores autóctonos, e impulsando actividades que generen mayor creación de empleo, beneficiando a la población residente, y favoreciendo la vinculación con las empresas locales.
Por otro lado, hay que destacar también el papel desempeñado por los Fondos Life en la financiación de proyectos ambientales, a pesar de que en su mayor parte hayan sido utilizados para proyectos destinados a especies o hábitats concretos, como la hubara, el lagarto de La Gomera o el pinzón azul, y muy pocos destinados al desarrollo de la Red Natura como conjunto, desde una perspectiva global, perspectiva que se podría ver optimizada si se contara con un instrumento financiero único, destinado sólo a la gestión de la Red.
Tenemos un potencial único y singular: un patrimonio natural que ya goza del reconocimiento europeo por su extraordinaria biodiversidad. Si conseguimos despejar con garantías algunas incertidumbres financieras y concretar los mecanismos para mejorar la gestión de nuestro territorio, de nuestra principal riqueza, podremos seguir avanzando hacia un futuro más sostenible en la gestión y desarrollo de actividades compatibles con la conservación de la naturaleza y el turismo. La puerta ya está abierta.
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