Jueves, 6 de enero de 2005
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Opinión - Carlos Lugo Sosvilla
Costa de Los Cancajos

Tengo para mí, y no me recato en pregonarlo, que la Costa de Los Cancajos de Breña-Baja, es la zona turística de mayor valor de La Palma. Y tal es así, que desde que tengo narices en eso del denominado fenómeno del turismo y en La Palma cuatro gatos comenzaron a mencionarlo y del que hoy todo el mundo opina como "Eruditos a la violeta" (José Cadalso), se ha llamado Costa Brava de La Palma.



La aridez del suelo de la Costa de Los Cancajos, de malpaís costero ornado de exótica flora y fauna de lagartos; la placidez de su mar bañando recoletas calas en un Naciente insular abrigado del tempestuoso Atlántico, que hiciera elegir la bella rada próxima del Cantón de Tedote para emplazar la Villa y Puerto de San Miguel de Santa Cruz de La Palma, la calidez de su sol con refrescante brisa del alisio reinante, le deparan el microclima más excepcional de Canarias.

Recuerdo haber oído a los viejos de antes -ya lo soy de ahora, "como se pasa la vida,/ como se viene la muerte/ tan callando". (Jorge Manrique)- que la Costa de Los Cancajos había sido elegida por una comisión de expertos, para residencia de Alfonso XII, aquejado de tuberculosis, que pronto le llevó a la tumba en 1885, lo que no he podido confirmar investigándolo en la hemeroteca de La Cosmológica, pues seguro que algo diría El Time, fundado en 1863. Así que lego el dato adquirido por tradición oral -válido en el quehacer histórico- y que por igual transmito.

Dos expertos del turismo vinieron a corroborar el prestigio de la Costa de Los Cancajos: Don Virgilio Suárez y don Joaquín Ensesa, grancanario y catalán respectivamente. El primero fue pionero del turismo en Lanzarote y el segundo en la Costa Brava catalana. Fue por la década de los sesenta del próximo pasado siglo, y ambos pueden categorizarse como anticipados del turismo en La Palma en calidad de inversores foráneos. Pero tanto lo hicieron que, acabado el siglo y el milenio y pasados más de cuarenta años, el turismo podemos decir que no ha empezado, discutiéndose a esta alturas si en La Palma los campos de golf "son churras o son merinas" (Del Quijote) los que se pretenden planificar "a calendas griegas". Don Virgilio Suárez sólo quería invertir en Los Cancajos, y buena muestra nos dejó con el Plan Parcial "Las Salinas", urbanizado y edificado a virtud de convenio con la propiedad. Don Joaquín Ensesa, tenía su prestigio consagrado con la urbanización de S'Agaró, en la década de los veinte del siglo XX, que en la Costa Brava dura y perdura como ejemplar del turismo patrio. Los Cancajos, por su alto precio, le parecía inalcanzable para su proyecto de urbanización y campo de golf, adquiriendo por su proximidad los terrenos de La Grama. Había elegido La Palma luego de explorar Lanzarote, por considerarla un destino de quedada, mientras que Lanzarote lo era de volver, siendo su especialidad el turismo residencial y no el hotelero. Sus nietos, los Bencomo Ensesa, ejecutan al presente una urbanizacion convencional modélica, pero lo del golf pasó a mejor vida como el abuelo. Como la paloma de Alberti se equivocó, pues de haber invertido en Lanzarote mejor le hubiera ido, mientras en La Palma mal que bien podrá resarcirse cuando el turismo no acaba de llegar y son los palmeros los que se marchan. He asistido al bautizo de dos bisnietos en Gran Canaria con gran dolor de corazón, pues hubiera deseado que nacieran en La Palma "...Pero el lema de casa, el mote del escudo, /es una nube vaga que eclipsa un vano sol". (A. Machado). También se equivocó Fraga al asegurar que La Palma con el nuevo aeropuerto sería la primera isla en Canarias en despegar turísticamente, concediendo en concurso un crédito hotelero especial para un primer hotel en Los Cancajos, cuyo prefijado terreno todavía lo aguarda, lloviendo sobre mojado la Ley Moratoria. Acertaron sin embargo los palmeros al no hacer nada, por lo que mal han podido equivocarse. Se quiere turismo diferenciado y de calidad, pero que se sepa no existe otro inventado que el del golf, el náutico y el del juego, trilogía que al presente brilla por su ausencia en La Palma, repartido y compartido por otras islas del Archipiélago, tren de siete vagones en el que viaja la Isla Bonita en el de cola, luego de haberlo hecho en los primeros.

El Ayuntamiento de la Muy Noble y Honorable Villa de Breña Baja, consciente del valor e interés turístico de la franja marítima de su municipio comprendida entre Risco Alto y Los Cuarteles denominada Costa de los Cancajos, que incluye la bella cala y zona de La Ballena, desde la primera Ordenación del Plan General de 12 de mayo de 1971, la califica como terrenos de reserva urbana del litoral, e inscribe en el Registro de Denominaciones Geoturísticas del Ministerio de Información y Turismo. Cincuenta años han transcurrido y todavía resta por urbanizar en su mayor parte, pero pese a ello ya significa el centro turístico por excelencia de La Palma. Pero al correr aires de ventilación de la aletargada conciencia palmera, más debe procurarse su culminación que en conservarla entre una zona militar y una de La Ballena, calificada urbanísticamente por el nuevo Plan General como suelo rústico de protección, ya no militar, sino de un paisaje de tabaibas. Una y otra suman más de cuarenta hectáreas, casi una mitad de la total extensión. Acertadamente en la cala de La Ballena, se determina como sistema de equipamiento por el Plan Territorial Especial de Ordenación de la Actividad Turística en gestación, un parque marítimo que mal compagina con el suelo rústico de protección paisajística que lo entorna, el que tendría que albergar la pluralidad de servicios de ocio y comerciales que lleva consigo una instalación marítima recreativa. Menos mal que al prescribir dicho Plan otro parque marítimo en Puerto Nao y no contar con tabaibas que lo impidan, ya tiene un ambicioso proyecto con inversión millonaria, de donde cabe inferirse que al tener aquella banda del Poniente insular mayor insolación, cuenta con mejores lumbreras (personas de talento al decir del Diccionario). Acertado hubiera estado el Plan Especial si determinara sobre El Cantillo, denominación correcta del emplazamiento cuartelero, el gran hotel que el visible y vistoso lugar demanda, y con acierto se asevera por la viceconsejería de Ordenación Territorial del Gobierno de Canarias en su informe de "cooperación interadministrativa" sobre el Plan Territorial Especial, el defecto de que "no se describen ni localizan los impactos ambientales existentes que puedan afectar a las principales zonas turísticas", e imagino, pensando en Los Cuarteles y la Costa de Los Cancajos. Pero que no se le ocurra al Cabildo "reconsiderar en profundidad el documento", como se le pide, para que prosiga el desarrollo insostenible con que viene agrediendo a La Palma la desdichada Ley Moratoria, que lo de Fuencaliente no hay Dios que lo perdone. En separata que se amplíe todo lo ampliable, pero por favor que se aprueba de una vez ese Plan que tanto dice que se haga pero nada de hacer y cómo. La Costa de Los Cancajos, con "Parque Marítimo" a estribor y gran "Hotel Castillo" a babor, la harían la más bella nave con la que navegará turística y económicamente La Palma. Cuarteles sin tropa ni armas, con zona de protección militar y parque marítimo con protección paisajística, es la más pura entelequia y disparate que puede caber en cabeza humana y en cualesquiera tierras vecinales. Y bien venido sea el nuevo destino que a Los Cuarteles quiere asignárseles de Centro de Formación para liberarle a Santa Cruz de Tenerife los terrenos del de Hoya Fría que demanda el municipio capitalino, con los del cuartel de Almeida incluido, pero que cuando menos a la Costa de Los Cancajos se la libere de toda zona de protección mientras se encuentre un nuevo emplazamiento cuyo impacto no pueda "afectar a las principales zonas turísticas", ni visible para ser bombardeado, como el capitán general García Escámez dijo a las obsequiosas autoridades que le ofrecieron tan desafortunado emplazamiento, o el prestigioso arquitecto Palazuelo los quiso perder de vista en la búsqueda del terreno para el nuevo Parador de Turismo.

No resulta comprensible cómo La Palma en ocasiones desaparece del mapa político como San Borondón del geográfico. Por toda España y en particular Canarias, el Ministerio de Defensa viene cediendo terrenos en beneficio de ciudades que por exigencias urbanas las demandan, teniendo a la vista el ejemplo de Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife, Arrecife y Puerto del Rosario, y en la primera su Ayuntamiento por unanimidad produce el acuerdo de reclamar nada menos que la Base Naval por lo que turba y conturba a Puerto y Capital, imponiéndose su alcaldesa doña Pepa Luzardo hasta plazo para conseguirlo. Y desde La Palma no se dice "ni pío", como si los militares asusten con el espadín (Zarzuela), sin sumarse a una demanda generalizada y saberse que los terrenos los aportara el Cabildo Insular y la construcción la hiciera el Mando Económico con dinero del bolsillo palmero. Al tiempo, en Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas se construyeron hoteles, cedidos a Cabildo y Ayuntamiento respectivos, que facilitan también el suelo, mientras Los Cuarteles de La Palma iban a parar a manos del Ministerio, ahora de Defensa, que desde el Puerto al Aeropuerto, mediando la Costa de Los Cancajos, con las tabaibas al otro costado, producen destrucción masiva medioambiental y graves perjuicios económicos en el doble concepto de lucro cesante y daño emergente del sufrido pueblo soberano de La Palma, cuyo desarrollo sostenible de futuro se hace insostenible en el presente.