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El Ayuntamiento de Puntallana inauguró el pasado viernes 13 de agosto, una escultura homenaje a la leyenda palmera conocida como "El Salto del Enamorado", un trabajo encargado por el propio Consistorio al artista isleño Francisco Concepción hace alrededor de dos años.
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La leyenda del "Salto del Enamorado" da su nombre a un risco emplazado en el barranco de Nogales o barranco Hondo, además de al lema que reza en el blasón del municipio: "Dios, la Virgen y mi amada". Sin embargo, se decidió colocar la estatua en el mencionado Mirador de San Bartolo, un poco retirada del litoral, por lo inaccesible del barranco |
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V. Vargas
Puntallana
La estatua de bronce hueca, alcanza 2,10 metros y se ha ubicado en el Mirador de San Bartolo, en el popular barrio de La Galga. El escultor modeló la figura en la Isla y su fundición corrió a cargo de la empresa Forwax, con sede en Tenerife.
La leyenda del "Salto del Enamorado" da su nombre a un risco emplazado en el barranco de Nogales o barranco Hondo, además de al lema que reza en el blasón del municipio: "Dios, la Virgen y mi amada". Sin embargo, se decidió colocar la estatua en el mencionado Mirador de San Bartolo, un poco retirada del litoral, por lo inaccesible del barranco.
Cuenta la leyenda que un pastor que mostraba gran habilidad en los quehaceres de su oficio, destacando entre el resto por su dominio sobre su lanza para trepar riscos y manejar la honda y el palo, quedó rendido ante la belleza de una joven campesina que residía en dicha zona de Puntallana, y aunque le enviaba requisitorias por terceras personas, no se atrevía a hablarle. Con indiferencia contestaba la mujer, que mostraba un temperamento altivo y le esquivaba constantemente.
Encontrándola sola, el pastor se acercó y la abordó, declarándole su amor. Ante su insistencia, la joven le dijo que accedería a sus deseos si pasaba una difícil prueba de valor que demostraría la veracidad de sus intenciones. El enamorado debía subir a la cima de un risco y apoyando su lanza en la orilla, daría tres vueltas en forma de semicírculo con el cuerpo suspendido en el espacio. El pastor accedió y apoyando el regatón de su lanza en el borde del precipicio exclamó: "En el nombre de Dios". Volvió a pisar tierra en el risco de enfrente y repitió el movimiento exhortando a María: "En el nombre de la Virgen". Realizó por tercera vez la pirueta en sentido contrario, mientras decía con fuerza: "En el nombre de mi amada".
La mala fortuna hizo que perdiera el firme y cayera al precipicio, pereciendo ante los ojos aterrados de la joven y el resto de curiosos que observaban su disposición a pasar la dura prueba. Desde entonces, todos los palmeros y foráneos que transitan por el lugar recuerdan la leyenda y el risco se conoce como "El Salto del Enamorado".
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