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No pretendo que estas líneas se conviertan en una carta ni mucho menos en un artículo, pretendo simplemente compartir públicamente una reflexión para los 'capacitados' de nuestra discapacitada sociedad.
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Qué verdad la de Gandhi, una verdad que deberíamos escribir en cada esquina de nuestra "sociedad capacitada", tatuarla en cada rincón de nuestros "capacitados cuerpos", copiarla en papeles blancos con nuestras "capacitadas manos", leerla a diario con nuestros "capacitados ojos", compartirla con los demás con nuestras "capacitadas bocas" |
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El otro día se celebraba en el Teatro Chico de Santa Cruz de La Palma, un acto organizado por el Centro el Dorador que, como todos saben atiende a personas con "discapacidad". Un acto emotivo que nos tiene que servir a todos para reflexionar. Decía Mahatma Gandhi que "la gente se arregla todos los días el cabello", y se preguntaba "¿por qué no nos arreglamos también a diario nuestros corazones?". Qué verdad la de Gandhi, una verdad que deberíamos escribir en cada esquina de nuestra "sociedad capacitada", tatuarla en cada rincón de nuestros "capacitados cuerpos", copiarla en papeles blancos con nuestras "capacitadas manos", leerla a diario con nuestros "capacitados ojos", compartirla con los demás con nuestras "capacitadas bocas".
Qué gran paradoja, nosotros los llamados capacitados nos preocupamos y nos ocupamos de las rebajas de julio, de las vacaciones de verano, de la doble paga de junio, y es que ya se sabe amigos discapacitados, los capacitados somos así, ustedes sin embargo se preocupan de otras cosas, como el sonido de la lluvia, el vuelo de los pájaros, las lágrimas del compañero... y ya véis, a nosotros la sociedad nos llama capacitados y a ustedes discapacitados, he aquí la gran paradoja.
Por ello invito a todos los capacitados de nuestra discapacitada sociedad a responder en voz alta ¿qué es lo verdaderamente importante?, ¿no seremos nosotros los verdaderamente discapacitados?, ¿no será nuestra sociedad una sociedad discapacitada?, ¿no serán los llamados discapacitados los verdaderamente capacitados?. Y es que no hay mayor discapacidad que la discapacidad de la solidaridad y de la sensibilidad, no estaremos por tanto viviendo en una sociedad discapacitada, más pendiente de las rebajas de julio que del sonido de la lluvia, más pendiente de las vacaciones de verano que del volar de los pájaros, más pendiente de la doble paga de junio que de las lágrimas de nuestros prójimos.
El otro día, en ese acto que antes comentaba, para recaudar fondos para un fisioterapeuta para el Dorador, acudieron no más de 40 personas, por tanto, creo, que este hecho es motivo de una reflexión. Hay que alentar, felicitar y apoyar a todas aquellas personas que están entregadas profesional y personalmente a los demás, no sólo a los "discapacitados", como el centro el Dorador, sino a nuestros mayores, a nuestros jóvenes con problemas, a nuestras mujeres y hombres maltratados, a nuestros niños abandonados, a nuestros inmigrantes o emigrantes desorientados, a todos ellos, gracias por hacer más iguales a los desiguales. Y nosotros, los llamados capacitados, tomemos conciencia de que debemos ser más capaces con los demás, más capaces compartiendo nuestro tiempo, más capaces en la solidaridad, más capaces en la sensibilidad.
Por último, una piedra también a mi propio tejado, a todos los que nos dedicamos al ejercicio de la política, y no es otra que una pedrada a los "tejados" de nuestras conciencias. A diario vemos cómo la sociedad se va desilusionando con la clase política, y la clase política nos preguntamos por qué la sociedad no nos valora, por qué los ciudadanos se muestran cada vez más apáticos con la política y con los políticos. No será que somos nosotros los que nos estamos alejando de la gente, los que no nos ocupamos de lo que verdaderamente preocupa a los ciudadanos. Creo que llega el momento de marcar una prioridad política, quizás la prioridad más importante de todas las prioridades y esta no es otra que las personas.
* Consejero insular del PP
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