Domingo, 23 de mayo de 2004
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La ceremonia - la homilía

Recuerdo para las víctimas

El dolor del 11-M estuvo presente en la misa

El cardenal y arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, se dirigió durante su homilía a los Reyes, a los cardenales, arzobispos y a todos los asistentes y en especial a los todavía novios, que en ese momento se mostraban serios y muy atentos. Les indicó que la decisión de casarse por la Iglesia y frente a Dios era un compromiso de amor para siempre y una entrega hasta que la muerte los separe.

"Habéis dejado vuestra vida habitual para convertiros en hombre y mujer y para formar una sola carne", señaló. Ese compromiso, afirmó, "es una donación de todo lo que sois y tenéis el uno al otro: de vuestros cuerpos, del alma y del corazón". Y añadió: "En el fondo de vuestra decisión libre y personalmente adoptada late un compromiso de amor. Os amáis y os queréis amar para siempre y, por ello, deseáis entregaros el uno al otro plena e incondicionalmente".

Rouco Varela no pasó por alto la importancia de la descendencia. Explicó que los hijos son "un don" y señaló la generosidad que hay que demostrar para que surjan nuevas vidas. Ese amor debe ser fuerte. "Un amor gratuito, profundo y dispuesto a darse hasta la expropiación, en favor de los hijos", explicó. También los animó a abrirse al amor de Dios que, según él, es el amor por excelencia, creador y redentor que creó a los hombres para que tengan felicidad eterna.

Les pidió que se dejen guiar por Dios, "un invitado [a la boda] invisible, pero que está presente, es insustituible, reconforta y sostiene". Y es que el cardenal y arzobispo que ofició la boda real es consciente de la tarea extraordinaria que tendrá que asumir la pareja en un futuro. Les pidió que no tengan miedo por la responsabilidad histórica que les toca cumplir. Este matrimonio "se contrae delante de Dios y está inserto en la línea dinástica, que exige un plus de disponibilidad al servicio de España, absolutamente único y singular y como matrimonio y familia del heredero del trono", añadió monseñor Rouco.

A pesar de esta entrega "sacrificada", Rouco Varela supo reconfortar al Príncipe y a Doña Letizia diciéndoles que no están solos en su camino, ya que tienen el apoyo de Jesucristo y "de los Reyes de España, la Familia Real, los familiares, los seres más queridos y los españoles que están a vuestro lado. Os acompañan la oración y las plegarias de muchos españoles, hijos de la Iglesia y de otros muchos de buena voluntad, además de la presecia de tantas y tan ilustres personalidades en esta ceremonia venidas de países y pueblos de todo el mundo"

En su discurso, el cardenal y arzobispo de Madrid no se olvidó de las víctimas del "vil" atentado terrorista del pasado 11 de marzo. Finalizó su homilía pidiendo a la Virgen Santa María de la Almudena y a las demás vírgenes que guarden el amor de los príncipes y rogó que los proteja la intercesión de los innumerables mártires y santos de España". La compañía invisible de estos santos, explicó, "no os faltará nunca en el itinerario de vida y amor que emprenderéis con la gracia de Dios para la felicidad vuestra y de vuestros hijos y para el bien y la paz de España".