Domingo, 23 de mayo de 2004
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La ceremonia - Catedral de la Almudena



Sólo después de dar el 'sí quiero' y de convertirse, por fin, en marido y mujer, consiguieron relajarse y comenzaron a sonreír, a compartir miradas cómplices y a cogerse de la mano. Hubo un momento incluso en el que Don Felipe percibió que Doña Letizia necesitaba un pañuelo

Gestos de los novios

A las once y cuarto de la mañana, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, comenzó a oficiar la ceremonia religiosa. Una solemne ceremonia en la que le acompañaron en el presbiterio tres cardenales, dos arzobispos y el nuncio del Vaticano.

Los novios tuvieron la ocasión de intercambiar algunas palabras y gestos cariñosos mientras oían las numerosas piezas musicales barrocas que sonaron durante la ceremonia.

Sin embargo, el Príncipe y, en especial doña Letizia, se mostraron bastante serios a lo largo de toda la ceremonia. Sólo después de dar el 'sí quiero' y de convertirse, por fin, en marido y mujer, consiguieron relajarse y comenzaron a sonreír, a compartir miradas cómplices y a cogerse de la mano. Hubo un momento incluso en el que Don Felipe percibió que Doña Letizia necesitaba un pañuelo. Con discreción movió su brazo izquierdo, metió la mano en un bolsillo del pantalón y sacó tres o cuatro kleenex que tendió a su entonces todavía novia. Ella cogió uno con una sonrisa y él se introdujo en el bolsillo el resto.

El primo del Príncipe de Asturias, Beltrán Gómez Acebo, se encargó de la lectura de unos versículos del libro de Tobías que, precisamente, cuenta la historia de una boda. El texto decía: "No temas dar a tu hija a Tobías, él es fiel a Dios y con él se debe casar tu hija. Por este motivo, ningún otro puede casarse con ella". La abuela de la novia y periodista como su nieta, Menchu Álvarez del Valle, se encargó de leer, como si fuera un bello poema, la epístola de San Pablo a los Corintios, que trata acerca de las maravillas del amor. El texto, con frases como "si me falta el amor no soy nada" o "el amor es comprensivo, servicial y no tienen envidia, no pasa nunca, no es mal educado ni egoísta, no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia, sino que goza de la verdad" sobrecogió a doña Letizia, que mientras escuchaba a su abuela sonreía orgullosa.

Después de esta lectura, y antes de dar paso a la homilía, el Diácono de la catedral de la Almudena pronunció la lectura del Santo Evangelio según San Juan a cerca de las bodas de Canaá y el milagro que hizo Jesús al convertir el agua en vino durante la celebración de una boda.

Durante la homilía, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Rouco Varola, recordó a las ciento noventa y dos víctimas del atentado terrorista perpretado en Madrid el pasado 11 de marzo y les aseguró a los novios que cuentan con el apoyo de los Reyes, de sus familiares y amigos y del pueblo español. El recuerdo de la matanza terrorista estuvo presente durante todo el día: a las ocho de la mañana un enviado de la pareja depositó una corona en el bosque conmemorativo que se ha levantado junto a la estación, y también durante el brindis del banquete el Príncipe Felipe quiso homenajear a los que murieron dos meses atrás.

Pero no fue lo único de lo que habló Rouco. Sobre el amor de Dios, les insistió en la necesidad de que se quieran hasta que la muerte los separe y les pidió que no tengan miedo por la responsabilidad histórica que tienen que asumir ya que, según él, "no se encuentran solos y el pueblo español les apoya".