Lunes, 3 de mayo de 2004
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La madre de Pedro Díaz porta una foto del joven tinerfeño que cumple condena en Brasil. / Moisés Pérez
La madre de Pedro Díaz porta una foto del joven tinerfeño que cumple condena en Brasil. / Moisés Pérez
María todavía no se ha sentado en el banquillo pero puede enfrentarse a una pena de entre 4 y 15 años de cárcel por llevar adherido a su cuerpo bolsas con cocaína
"Lo que más deseo es abrazar a mi madre"
Relato en primera persona de una de los 47 canarios que cumplen condena en presidios europeos y americanos
Mamá, me voy a Brasil de vacaciones con los gastos pagados". "No seas tonta, nadie da nada a cambio de nada". Ésta fue la conversación que mantuvieron hace poco más de un mes una madre y su hija en el salón de una modesta vivienda de un pueblo de Tenerife.
Pilar Feo
Santa Cruz

María (este periódico omite el nombre de la protagonista de esta historia y de su familia para preservar sus identidades) sigue en Brasil pero no de vacaciones, sino en el penal femenino de Salvador de Bahía, acusada de tráfico de estupefacientes. "Lo que más deseo en el mundo es abrazar a mi madre", asegura entre sollozos la joven de 18 años en conversación telefónica hace unos días. María es la última canaria detenida en el extranjero. De los 1.572 españoles encarcelados en prisiones de 57 países distintos, 47 son canarios, según los últimos datos del Ministerio de Asuntos Exteriores del pasado 5 de abril. No obstante, el Ministerio desconoce de qué comunidad autónoma proceden 142 reclusos españoles que también están en penales extranjeros.

María todavía no se ha sentado en el banquillo pero puede enfrentarse a una pena de entre 4 y 15 años de cárcel por llevar adherido a su cuerpo bolsas con cocaína. "La Justicia brasileña aplica la ley con rigor", asegura el cónsul español en Salvador de Bahía, Juan Serrat. Sin embargo, el diplomático ve un halo de esperanza en el caso de María. La joven es epiléptica y sufre un retraso mental de dos años. "Tiene cuerpo de mujer y mente de niña", dice de ella su madre. El letrado que la defiende, "un buen abogado" en boca del cónsul, intentará que María no responda de la condena y sea declarada inimputable; es decir, que no responde penalmente.

"El caso de esta joven es un claro ejemplo de engaño. Su ingenuidad la arrastró a esta peligrosa aventura", subraya Juan Serrat, quien lanza un mensaje disuasorio a los jóvenes que puedan caer en la misma trampa que María: "Deben desconfiar de las ofertas gratuitas de viaje. El desenlace siempre es el mismo"

El Gobierno de Canarias se suma a esta advertencia. El viceconsejero de Emigración, Efraín Medina, constata que en las Islas hay mafias organizadas que captan a jóvenes, la mayoría de las veces mujeres, para transportar la droga. "Caen con la sola promesa de unas idílicas vacaciones. Los padres no deben bajar la guardia", apunta Medina.

El amor ciego por un hombre y los consejos desafortunados de dos amigos del anterior arrastraron a María al peligroso viaje de Brasil. "Tú nos los conoces", fue la respuesta que le espetó a su madre cuando ésta intentó que no cogiera el avión. "Algo me olía mal en toda esta historia", recuerda un mes después de mantener esta conversación con su hija. "Aconsejo a los jóvenes que escuchen a sus padres. Ellos nunca mienten", apunta María con voz entrecortada desde una fría galería de una cárcel para mujeres a miles de kilómetros de su casa.

María viajó desde Tenerife hasta Brasil acompañada por una amiga con un peligroso encargo. Era la primera vez que salía al extranjero; su compañera ya era experta en estas lides. Según cuenta el cónsul Juan Serrat, había estado en el país sudamericano en tres o cuatro ocasiones con anterioridad a su detención el pasado 4 de abril. Las jóvenes tinerfeñas recogieron la mercancía en Sao Paulo y antes de pisar suelo insular debían pasar por los controles policiales de los aeropuertos de Salvador de Bahía, Lisboa y Barcelona. "No tenía miedo. Me habían convencido de tal manera que pensaba que no sería difícil pasar desapercibida y sortear los controles con facilidad. Temblaba cuando pasé el primero, pero no se me notó", relata María. Nunca supo cuál sería su estado de ánimo en las siguientes escalas. Fue detenida, junto a su compañera, en Salvador de Bahía.

Entonces, hace escasamente un mes, empezó un verdadero calvario para ella y para los suyos. Hace unos días este periódico habló con María. "Lo estoy pasando muy mal. No estoy animada. Pienso constantemente en mi madre y mis hermanas. Nadie se puede imaginar lo que deseo abrazarlas. Es una pesadilla". Por momentos María intenta mostrarse fuerte pero enseguida se derrumba. Su madre también lo está pasando muy mal. Esta mujer de pocos recursos económicos se ha marcado una meta: traer a su hija a España.

Éste es también el objetivo que se ha trazado la madre de Pedro Díaz, un luchador tinerfeño que cumple condena desde hace dos años en una prisión de Sao Paulo acusado de tráfico de drogas. "Me están tratando bastante bien y soy un brasileño más, pero tengo muchísimas ganas de volver a casa, porque esto no se lo deseo a nadie", confesaba El Pollo de La Placeta al redactor de este periódico Luis de la Cruz en una conversación mantenida en febrero el pasado año.

Cuando el pasado cinco de abril la madre de María recibió una llamada al móvil en la que le comunicaron que su hija había sido detenida en el aeropuerto de Salvador de Bahía el mundo se le cayó encima. Fue al noveno día de la detención cuando por fin pudo escuchar la voz de su pequeña. "Llorando me dijo que la habían engañado", recuerda esta madre que no ha parado hasta recopilar todos los exámenes médicos que constatan la epilepsia y el retraso mental de dos años que sufre su hija. Ya están de camino hacia Brasil. También ha conseguido los mil primeros euros que le cobra el abogado por defender a María. "Todavía pienso que estoy viviendo un mal sueño. Mi hija nunca ha estado metida en líos, es una niña cariñosa, que se fía de todo el mundo. Ha pasado de tenerlo todo a vivir entre rejas", se lamenta esta madre de tres hijas.

Un fino colchón en el suelo y una televisión en blanco y negro es el único mobiliario que tiene la celda que María comparte con otra chica argentina. Las puertas se abren a las ocho de la mañana y a las cinco de la tarde todas las reclusas deben estar en sus habitáculos. "La mayoría del tiempo lo dedico a estar acostada y ver la televisión", cuenta la joven. "Lo que peor llevo es la comida. No la soporto. Aquí te dan algo para que engordes, porque todas llegan flacas como palillos", añade.

Es la más joven de los españoles encarcelados en Brasil. "Me gustaría que dijera que el personal del consulado español se está portando muy bien conmigo. Me ha traído sábanas, productos de aseo y medicinas y se interesa en todo momento por mi estado". Su madre corrobora sus palabras. El diplomático Juan Serrat explica que los centros penitenciarios tienen muchas insuficiencias. El consulado da cien euros mensuales a los reclusos españoles para que cubran sus necesidades básicas.

La mayoría de los 1.572 españoles que están en cárceles extranjeras están acusados de un delito de tráfico de drogas. Canarias es la sexta comunidad autónoma con más reclusos en el exterior. Los 47 presos isleños cumplen condena en presidios de Europa y América. Hay presos canarios en Portugal (3), Alemania (uno), Francia (1), Reino Unido (3), Países Bajos (3), Brasil (5), Chile (4), Ecuador (2), Estados Unidos (2), Perú (9), República Dominicana (1), Venezuela (6), Trinidad Tobago (el único español que cumple condena en este país caribeño es canario, circunstancia que también se repite en Uruguay) y Argentina (4).

Labor humanitaria.
En este último país, concretamente en Buenos Aires, la entidad canaria Zona Norte presta una labor humanitaria importante con tres reclusas canarias. Su presidente Miguel Ángel Rueda relata las experiencias de estas tres madres canarias (dos residen en Gran Canaria y la tercera en Tenerife) de 34, 35 y 37 años, respectivamente. Al igual que María y Pedro Díaz cruzaron el Atlántico con el encargo de traer droga.

Una convención religiosa en Bolivia fue el motivo del viaje a Sudamérica de las dos primeras. Una misma excusa para dos mujeres de distintas islas que viajaron al país andino con un mes de diferencia. La primera fue detenida en julio de 2002 y la segunda, en agosto en el aeropuerto internacional de Ezeiza, donde hicieron escala de regreso a las Islas. "Esta circunstancia hace pensar en que hay una red organizada que emplea el encuentro religioso como coartada para engañar a las personas que utilizará después como camellos", reflexiona Rueda.

Una mujer llevaba dos kilos y medio de cocaína, la otra, trescientos gramos más. La condena impuesta: cuatro años y seis meses de cárcel. Rueda explica que ahora esperan con "inmensa alegría" su extradición a España. El regreso a casa de estas dos reclusas canarias es inminente. No así para la tercera, cuya situación es mucho más cruda. Cuando emprendió el peligroso viaje estaba en libertad condicional. Los reclusos españoles pueden pedir la extradición a su país cuando cuentan con sentencia firme y han cumplido parte de la condena en la nación donde son detenidos.

Rueda hace hincapié en que las tres internas canarias se arrepienten de lo que hicieron. La vida en una cárcel no es fácil, pero es aún más difícil cuando se cumple la pena lejos de casa. "Nunca te olvides de los días que pasaste aquí", les recuerda Rueda una y otra vez a las tres canarias que reciben el cariño y la atención de la gente de Zona Norte.

Los sesenta euros que les da mensualmente el consulado no siempre les alcanza para llevar una vida más cómoda entre rejas. "El Gobierno español permite que los consulados den a los reclusos nacionales hasta cien euros al mes. No entiendo qué consiguen aquí ahorrándose 40", apunta el presidente de Zona Norte.

Los responsables de esta organización comparten las penas y alegrías de las reclusas. Durante dos años no han faltado a la visita quincenal. Les llevan lo que necesitan para soportar mejor sus días en la cárcel. Unas veces son cigarrillos, otras tarjetas para llamar a sus familiares, otras comida, etcétera.

Rueda recuerda como a la primera detenida le costó mucho asumir que estaba presa. Esta situación cambió poco a poco y la recompensa de haber aprovechado el tiempo es un título de Primaria. Hoy, esta madre de tres hijos (de 20, 15 y 11 años, respectivamente) sigue estudiando para completar los estudios de Secundaria.

La otra canaria detenida al mes siguiente no tuvo una infancia feliz. Abandonada por sus padres creció entre hábitos de monjas. Esta madre de tres hijos "asumió con más inteligencia su condición de reclusa", dice el presidente de Zona Norte. También la última canaria encarcelada en Buenos Aires ha sabido encarar con valentía su nueva situación. Ella sabía con anterioridad lo que era vivir entre rejas. Cumplía libertad condicional cuando decidió probar y ganar dinero fácil. El precio ha sido alto.

La voz de María es inocente. Ella también está pagando con años de su vida entre rejas el error de haberse dejado convencer para portar la droga en su cuerpo.

Sus seres queridos están con ella en la distancia. Le aconsejan insistentemente que evite cualquier contacto con aquellos que la metieron en semejante lío. Ella habla de pesadilla y de que se arrepentirá mientras viva de no haberle hecho caso a su madre. "¡Cuánto daría por tenerla cerca! ¡Cuánto daría por abrazar a mi hermana pequeña! Tengo fe (lleva colgado al cuello una cadena con medallas de Jesús, el Sagrado Corazón y la Virgen) y esperanza en que no creceré aquí". Una voz de fondo le insiste a María para que explique al periódico las penurias que pasan en la cárcel. "Denuncia lo fino que son los colchones", le aconseja que diga su compañera de celda. Una cama confortable llena de peluches espera a María en su casa. "Cuando vuelva dedicaré todo el tiempo a mi familia", dice. Su madrina la anima: "No olvides que te sacaremos de ahí".