Lunes, 8 de marzo de 2004
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Opinión - La Pancarta
Postales de dos mítines

El último fin de semana, el más intenso, pasó dejando como recuerdo la inevitable comparación entre los actos celebrados por Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero en las capitales canarias, tanto en la concurrencia como, sobre todo, en el estilo de los dos aspirantes con opciones a ocupar La Moncloa.

Juan Manuel Bethencourt

En cuanto a la asistencia, se podría afirmar que hubo empate en Las Palmas, y que por el contrario los socialistas tinerfeños fueron muy diligentes a la hora de organizar una convocatoria masiva en Los Majuelos. Lleva el PSOE de Tenerife un tiempo metido entre aguas, convenciéndose a sí mismo de su fortaleza a la par que lame las heridas electorales y el consecuente alejamiento del poder. En eso se diferencian del PP tinerfeño, que, consciente de su papel de bisagra en el mapa político insular -condicionado ahora no sólo a la estrategia general del partido, sino también a la particular de Soria en Las Palmas-, sólo prepara sus mejores galas para los comicios generales

Desde luego, Mariano Rajoy dio a sus compañeros lo que pedían, entusiasmo y algo de caña al rival hegemónico en las distancias cortas, Coalición Canaria. De hecho, fue el alarde publicitario de CC -bastante primario, por cierto- el que motivó la respuesta del candidato gallego, que hizo las delicias de una concurrencia a la que, curiosamente, no concedió el mínimo protagonismo en los logros de gestión del PP para las Islas. Porque, atendiendo a Mariano Rajoy, entendemos que no fueron los populares tinerfeños los artífices de esa política benéfica en las Islas; tampoco, por supuesto, los socios-rivales nacionalistas. El candidato presidencial se arrogó todos los parabienes y no repartió medallas con nadie, algo que, sería o no por el cabreo que le procuró el anuncio, contrasta con su estilo poco aparatoso. También puede ser que eso de ponerse chulo es una etiqueta que acompaña a la condición de líder la nueva derecha española. Por tanto, a los del lugar, ni un caramelo.

En cuanto a Zapatero, hay algo que no cuadra. Detrás de una escenografía con aspiraciones de ultramodernidad aparece el discurso blando de un candidato que aspira a partirse los dientes en Europa y poner a las Islas en la Champions. ¿Es con sentencias prefabricadas y huecas como se conquista el poder?