Viernes, 5 de febrero de 2004
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Opinión - La pancarta
Encuestología

Llega el último fin de semana de la campaña electoral y con él los sondeos finales, esas fotos sobre predicciones de votos y escaños, capaces de confirmar tendencias o, por el contrario, variar estados de ánimo que ya no serán los de los candidatos, que a estas alturas no admiten la mirada atrás y disponen de poca munición sin utilizar.

Juan Manuel Bethencourt

Respecto a 2000, hay una sustancial variación: el PP no oculta que está muy cerca de la mayoría absoluta, un pronóstico en el que coinciden todos los sondeos publicados hasta la fecha, en peregrinación a la que se sumó ayer el CIS -ausente sospechosamente hace cuatro años- y que deja a Mariano Rajoy como futuro y cómodo ocupante de La Moncloa. A estas alturas el resultado de los comicios parece decidido, lo que no quiere decir que no haya cosas en juego, porque en lo que atañe al PSOE las proporciones de la derrota serán materia muy relevante para el debate poselectoral. Un ascenso de Zapatero respecto al balance de Almunia, combinado con una mayoría relativa de Rajoy, dejaría un panorama posible al actual equipo de dirección socialista, y todo lo contrario ocurrirá con una mayoría absoluta neta de los populares, que forzaría un nuevo y sangrante proceso de búsqueda en el centro-izquierda español. Bien sabe Aznar, por la experiencia de 1993, que perder puede ser ganar, y lo mismo apreció el PSOE en aquellos comicios tan competidos, porque entonces la cuarta victoria de Felipe González, casi de foto finish, puso las bases del declive posterior.

Los datos relativos a Canarias dan para más de un comentario. Hay competencia seria para la semana final -siendo generosos, hasta dos escaños por decidir en Las Palmas y uno en Santa Cruz de Tenerife-, pero en todo caso el PP confirma la tendencia según la cual el partido que ostenta el Gobierno central parte con ventaja en los comicios generales. Quizá también por eso CC, un partido de poder en el ámbito autonómico, sufre un retroceso cuando el ámbito de decisión se traslada a Madrid. Todo ello confirmaría la impresión de que los ciudadanos de las Islas se sienten más seguros votando por el que manda en cada momento y en cada lugar. Y aun así, la victoria segura del PP también puede admitir matices, porque las Islas también se juegan su particular mayoría absoluta.